¿Cómo cruzar el Ártico en bicicleta y no morir en el intento? La aventura del Omar Di Felice

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Ciclista ex profesional, recorre estos días el Ártico con la única ayuda de sus dos bicis. “El frío es duro, peligroso, pero para mí es maravilloso. Entre el silencio del Ártico soy feliz”

Omar di Felice, en plena aventura.

De niño se enamoró del ciclismo viendo a Marco Pantani subir al Mortirolo en el Giro de 1994. De joven llegó a debutar como profesional en un pelotón manchado por el dopaje, entre 2005 y 2006. Y ya de adulto se desencantó de la bicicleta y se metió a diseñador web, la carrera que había estudiado. Después de todo ese viaje, hoy Omar di Felice, a los 41 años, recorre el Ártico a pedales y pese al frío, al intenso frío, al verdadero frío, dice que nunca fue tan feliz. Su historia de amor, divorcio y reconciliación con las dos ruedas tiene su aquel, pero para empezar…

¿Por qué el Ártico? Posiblemente sea uno de los lugares más desagradables para ir en bicicleta.
El frío es duro, puede ser peligroso, pero para mí es maravilloso. Cuando estoy en el Ártico, entre el silencio, soy feliz. De niño me encantaba el ciclismo, pero también el alpinismo, las montañas, el hielo y la nieve, las historias de los grandes exploradores, de Walter Bonatti y Reinhold Messner, y cuando empecé con el ultraciclismo descubrí que podía unir ambas pasiones.

Di Felice responde a EL MUNDO por email desde Tromso, en Noruega, donde ha cambiado de bicicleta y descansa antes de afrontar la última etapa de su expedición. Este invierno ya ha recorrido la península de Kamchatka, en el extremo oriente de Rusia; Laponia; el archipiélago de Svalbard, al norte de Noruega; Islandia y Groenlandia y le falta la gran aventura americana, es decir, la región canadiense de Yukon y Alaska. En total serán aproximadamente 4.000 kilómetros con 40.000 de desnivel alrededor del Ártico, siempre acompañado de temperaturas bajísimas. Una expedición sólo al alcance de un experto en condiciones extremas, aunque su afición empezó rodeado de muchísimos ciclistas en una de las rutas más amables del mundo, el Camino de Santiago.

De Lourdes a Santiago

“Mi sueño de infancia era ser ciclista profesional, pero cuando lo conseguí, sufrí mucho, forcé mucho mi cuerpo, tuve varias infecciones y me di cuenta que había llegado a mi tope físico, que sin doparme no podía hacer más. Así que lo dejé y empecé a trabajar de diseñador web. Pero seguía saliendo en bicicleta por afición y en unas vacaciones quise hacer la ruta desde Lourdes a Santiago de Compostela en cuatro días. Completé etapas larguísimas, de 300 kilómetros, y descubrí el ultraciclismo. Luego gané un par de carreras de resistencia, conseguí algunos patrocinadores y al final me hice profesional de esto. Ahora me encanta enseñar a la gente que no todo es ciclismo en ruta. Me siento como Kilian Jornet con las carreras de montaña”, explica Di Felice, que después de muchos años, incluso de alcanzar el campo base del Everest en bicicleta, ha encontrado la manera de rodar seguro bajo cero.

LUIGISESTILMUNDO

Además del mejor material térmico -la marca UYN se lo hace adrede-, utiliza dos bicicletas distintas: una gravel para recorrer los tramos sin excesiva nieve, es decir, Kamchatka, Laponia y la parte americana y una ‘fat bike’, una bicicleta de ruedas anchísimas, para los terrenos más exigentes. Con ellas, en algunos lugares sí ha podido descansar en poblados, pero la mayoría de noches ha dormido en refugios en los que era el único ser humano a cientos de kilómetros a la redonda.

¿No se ha aburrido con tanta soledad y tanto silencio?
Para nada. La naturaleza en el Ártico es absorbente y las noches son mágicas porque convivo con las auroras boreales. Además, también he conocido a mucha gente. Pensamos que en el Ártico hay sólo hielo, pero no es verdad. Los inuit son muy amables, y aunque se sorprendían al verme llegar con una bicicleta, siempre estaban dispuestos a ayudarme. He pasado días enteros en silencio, que a mí me encanta, pero también he encontrado mucha humanidad.

Con residencia en Roma, donde asegura encontrarse cómodo pese al calor y al trasiego de la ciudad, para entrenarse para esta aventura ha tenido que hacer tiradas de ocho, nueve o diez horas en bici y ha realizado concentraciones en Noruega e Islandia. Ahora, eso sí, reconoce que, una vez rodeado el Ártico, tendrá que reenfocar su carrera hacia otras latitudes. “Es verdad que me quedan pocos sitios del norte del mundo por conocer, pero en el sur hay muchos lugares fríos. Ya visité el Himalaya y me encantaría regresar. También me atrae el desierto del Gobi. La Tierra es muy grande”, finaliza el aventurero Di Felice.

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